En cualquier instalación de fibra óptica no basta con el propio cable, ya que siempre entran en juego otros dos componentes esenciales.
Por un lado, los pigtails, que permiten realizar la conectorización de las fibras.
Por otro, los latiguillos, que se encargan de enlazar los distintos equipos de telecomunicaciones.
Ambos elementos deben ser plenamente compatibles para asegurar una transmisión óptica sin degradación de la señal.

Parámetros de medida y calidad
Los parámetros que determinan esta calidad son principalmente dos.
- La pérdida de inserción, que mide la atenuación producida al pasar la luz de un medio óptico a otro. Este valor debe ser lo más bajo posible.
- La pérdida de retorno, que indica cuánta señal regresa hacia la fibra en función de la potencia transmitida. En este caso, cuanto mayor sea, mejor.
Para alcanzar una buena continuidad óptica, pigtails y latiguillos deben coincidir en tipo de fibra (monomodo o multimodo), formato de conector (SC, LC, ST, FC, etc.) y tipo de pulido (PC o APC).
Cuando se acoplan dos conectores, la señal realiza dos transiciones: fibra–aire y aire–fibra. Aunque el adaptador sea de alta calidad (zirconia o cerámica), existe otro aspecto crítico que influye en la eficiencia: la concentricidad de la férula.
La concentricidad en las férulas define la posición del orificio donde se inserta la fibra respecto al centro geométrico de la férula. Cuanto más centrado esté, mejor se alinearán los núcleos de las fibras enfrentadas.
En fibra monomodo, un acoplamiento perfecto equivaldría a un ajuste de 9 micras, algo casi inalcanzable en la práctica. Por eso este parámetro resulta tan relevante para el rendimiento.
Cumplir con las normativas es necesario
Las normas internacionales IEC-61300, IEC-61753, IEC-61754 e IEC-61755 establecen cuatro grados de calidad (A, B, C y D) según la precisión alcanzada.
El grado A ofrece las mejores prestaciones, mientras que el grado C es el más común en el mercado.
En calidad C, los valores típicos de concentricidad son de ?1,0 µm para fibras monomodo y ?3,0 µm para multimodo.
Las desviaciones acumuladas en los conectores enfrentados explican por qué las pérdidas de inserción y retorno nunca son idénticas, incluso cumpliendo la misma clasificación de grado.
En la práctica, los latiguillos y pigtails comerciales suelen ser de grado D o C.
El grado C es recomendable, pues combina buen rendimiento con un coste competitivo y resulta suficiente para la mayoría de aplicaciones.
El grado B solo se consigue en una pequeña proporción de la producción (menos del 15%), lo que obliga a un proceso de selección adicional. Algunos fabricantes, como Keynet-Systems, disponen de la capacidad de certificar individualmente cada pieza bajo demanda.
El grado A se puede fabricar, pero es extremadamente complejo y conlleva un precio notablemente superior.
Finalmente, mencionar que la concentricidad en las férulas es un factor decisivo en la calidad de los enlaces ópticos.
Entender los distintos grados de precisión ayuda a seleccionar la solución más adecuada en función de la aplicación y del presupuesto disponible.









