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Internet, una historia de aceleración hasta la máxima velocidad

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Si tienes más de 20 años es posible que todavía recuerdes cómo era conectarse a Internet en los albores de la era de las comunicaciones, allá por los años finales de la década de los 90. Un aparato llamado módem emitía una serie discontinua e irregular de pitidos, que precedían al momento mágico en que el ordenador, siempre de sobremesa, se conectaba a un mundo de posibilidades: descargas, juegos, información… Algo nuevo y excitante, y eso que apenas ofrecía una millonésima parte de lo que hoy supone Internet.

El caso es que la red es parte hoy en día de nuestra vida cotidiana, un elemento esencial para trabajar, compartir información y conocimientos, relacionarnos o adquirir bienes y servicios. Todo esto podemos hacerlo ahora a la velocidad de la luz. No es difícil encontrar en la mejor oferta de fibra óptica velocidades de descarga de hasta 600 Megabits por segundo (Mbps). Y aunque 600 megabits no es lo mismo que 600 megabytes, esto significa que podrías descargarte una película en el tamaño estándar de hace una década en apenas diez segundos.

A muchos les parecerá normal, porque prácticamente nacieron con estas velocidades. Pero la realidad es que mucho se ha cambiado (y acelerado) desde aquellos tiempos del módem y los pitidos. Veamos algunos hitos.

La prehistoria de Internet

El origen de Internet está en el desarrollo por parte del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Aquella red primigenia de computadoras estatales, llamada ARPANET (siglas de Advanced Research Projects Agency Network o, en español, Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada), ofrecía una velocidad de descarga de 56 kbps.

La red, creada en los años sesenta, fue sustituida a partir de los años 80 por unos nuevos protocolos de identificación denominados TCP/IP. Este es el modelo que sigue vigente para las comunicaciones en redes y se trata básicamente de un conjunto de operaciones que permiten que un equipo pueda comunicarse en una red, proporcionando conexión de un punto a otro mediante un intercambio de datos.

Internet, una historia de aceleración hasta la máxima velocidad

Este protocolo de identificación se complementa con la denominada World Wide Web (o red informática mundial), el sistema de distribución de documentos de hipertexto a través de Internet. Esto es, Internet como lo conocemos hoy: un sistema que nos permite ver sitios web que incorporan textos, vídeos, imágenes u otros contenidos multimedia, e ir saltando de una web a otra mediante hiperenlaces. Se desarrolló en 1989, en principio para la comunicación interna del CERN, en Suiza, pero sus desarrolladores pronto comprendieron que su invento valía para todo el mundo.

Internet llegó a España en 1984, gracias al proyecto de un grupo de universidades. Pero el verdadero despegue se produjo ya a mediados de la década de los 90. Al principio, los hogares particulares solo podían acceder utilizando la línea telefónica, a 56 kbps: de ahí, los pitidos de los que hablábamos, que en realidad era la marcación telefónica que realizaba el módem.

De ARPANET a la fibra óptica

Por aquel entonces ya se había establecido la primera banda ancha en Estados Unidos, y ese sería el modelo que pronto llegaría a Europa: redes cada vez más amplias que permiten una velocidad de conexión cada vez mayor. Así, pasamos del módem al ADSL, que además de la velocidad tenía otra ventaja sustancial: las llamadas telefónicas ya no interrumpían la conexión.

El paso (de momento) definitivo es la fibra óptica: una tecnología que permite transmitir información enviando señales de pulso de luz en forma de ondas electromagnéticas, con muchas menos interferencias que la tradicional conexión eléctrica con cables de cobre.

Hoy, España es uno de los países europeos con más accesos de Fibra Optica, 64,5 millones con datos de 2019, de modo que se estima que tres de cada cuatro conexiones de banda ancha y el 81% de la población disfrutan de una velocidad superior a los 100 Mbps, según datos del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital. El futuro de Internet es la velocidad.

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